No te importa nadie,
drogándote matas el hastío,
la apatía es tu religión,
dejándote llevar por la corriente.
La máquina te arrastra y ríe,
te da la pastilla de su realismo.
Los brazos cruzados por expresión,
encañonando al inteligente.
Pues despierta y vive,
fuera jarana y alcoholismo,
deja la social prisión
desde una vista diferente.
Mata así el cauce del río,
demuestra que hay otro camino
diferente al que muestra el enemigo.
MARTINEZ
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